«Buscar ayuda no es señal de debilidad, es un acto de valentía; ir al psicólogo no significa estar roto, sino estar listo para sanar, crecer y conocerse de verdad.»
Durante mucho tiempo, ha existido un estigma social que asocia la atención psicológica únicamente con la presencia de trastornos mentales graves. Frases como «yo no estoy loco» o «eso es para gente que no puede con su vida» reflejan una visión limitada y desinformada sobre el papel real de la psicología en la salud integral del ser humano.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como un estado de bienestar en el que la persona es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad (OMS, 2001). Bajo esta definición, el cuidado psicológico se convierte en una herramienta preventiva, no únicamente correctiva.
El psicólogo clínico no solo interviene ante trastornos mentales. También acompaña procesos de desarrollo personal, manejo del estrés, toma de decisiones, mejora de habilidades sociales, resolución de conflictos, duelos, autoestima y muchas otras situaciones comunes en la vida cotidiana. Acudir a terapia puede ser una forma de autoconocimiento y fortalecimiento emocional.
En conclusión, asistir con un profesional de la salud mental no implica estar “loco”, sino estar dispuesto a mejorar la calidad de vida, prevenir dificultades futuras y promover el bienestar emocional. Cambiar esta perspectiva es clave para fomentar una cultura de autocuidado mental y emocional en la sociedad.
Estudiante de Psicología Clínica
Jesús Manuel Loza M.
jloza37740@ucq.edu.mx








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