Para comprender esta pregunta, es necesario que se parta de una reflexión que resulta crucial; la defensa de la salud ocupacional está estrechamente ligada con las luchas históricas de la clase trabajadora, por lo que el acelerado crecimiento de la industria a nivel nacional obliga a los trabajadores una actuación principal en la exigencia a los patrones y gobiernos que existan condiciones de trabajo dignas, seguras y que cuiden la salud de quienes producen la riqueza.
En ese orden de ideas, en América Latina, existe un contexto de profundas desigualdades y precarización; todo esto acompañado de un voraz capitalismo que constantemente busca cómo producir más con menos, aunque eso incluya la salud o la vida misma de sus trabajadores.
Para acercarse a una respuesta, es necesario recordar que los procesos de producción global están estrechamente vinculados con la mano de obra barata, Latinoamérica y Asia son las principales, generando un impacto particular en la salud de los trabajadores a partir de los procesos fabriles:
La economía global se caracteriza por el traslado de gran parte de la base industrial de los países avanzados a los países en desarrollo, donde se encuentran las fuentes de mano de obra barata. El concepto de «economía de exportación de mano de obra barata» fue lanzado en el sudeste de Asia en los años 60 y 70 con las «industrias intensivas en mano de obra». Inicialmente éstas se limitaron a unos enclaves de exportación (por ejemplo Hong Kong, Singapur, Taiwán y Corea del Sur), pero más tarde en los años 70 y 80 el desarrollo de la producción con mano de obra barata en ultramar ganó ímpetu.
En ese sentido, para continuar respondiendo tenemos que pensar qué es lo que se produce en América Latina; “En 2012, los países latinoamericanos en conjunto destinaron el 57 por ciento de sus exportaciones a las economías avanzadas” es decir, sigue siendo la maquila de productos para grandes potencias económicas; así, el trabajo en las fábricas, de acuerdo con Carrasco et al. (2023) se caracteriza principalmente por el levantamiento y manejo de cargas pesadas, movimientos repetitivos, posturas incómodas y el uso de herramientas o maquinara vibratoria, generando lesiones musculoesqueléticas principalmente en espalda, hombros, brazos y muñecas.
El estrés, en sus diferentes manifestaciones, está vinculado con el ámbito laboral, entre 2019 y 2023, según García-Pérez et al. (2024), se encontró una prevalencia del burnout de entre el 13.2% y el 70.3% de los trabajadores en el sector salud; asimismo se identificaron las fuentes, como jornadas extensas, sobrecarga emocional, agresión de usuarios, presión por indicadores, inestabilidad contractual y ausencia de apoyo institucional.
Si bien, en México, como en otros países se cuentan con instrumentos que permitan identificar, evaluar y prevenir los factores de riesgo psicosocial, como la NOM-035-STPS, no son suficientes para la atención integral de los trabajadores, si bien aportan elementos para el reconocimiento de los riesgos psicosociales y un procedimiento para su análisis, los trabajadores deben exigir a los empleadores y gobiernos que se cuide de su salud.
Como se ha precisado, el trabajo es una expresión de la sociedad; es decir, es el reflejo de los problemas sociales y de salud, por lo que se tiene que reconocer que las enfermedades cardiovasculares y metabólicas están presentes en los trabajadores de Latinoamérica, en algunas ocasiones van de la mano con algún problema psicológico como el estrés, tensión laboral, desequilibrio esfuerzo-recompensa, inseguridad laboral, largas horas de trabajo y acoso (Takala et al., 2023) lo que propone una tesis interesante, es fundamental contrarrestar el impacto psicosocial del trabajo por sí mismo y por ser detonante de otros problemas de salud. En América Latina, de acuerdo con Mogollón y Malagón-Saenz (2021) dentro de las enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas con el trabajo se encuentran las enfermedades cardiovasculares.
Finalmente, el cáncer y las enfermedades respiratorias causadas por el trabajo es un importante problema que atender en esta región, como ejemplo, “La Organización Mundial de la Salud estima que el estar expuesto a plaguicidas lleva al envenenamiento de más de un millón de trabajadores agrícolas y a la muerte de 10.000 de ellos cada año en América Latina (adicionalmente) […] se han identificado 350 substancias químicas como carcinógenos ocupacionales” (Fontes, 2002) , entonces se requiere reflexionar ¿Por qué los trabajadores deben pagar con su salud el beneficio económico de los dueños del capital?
Para concluir es importante conocer datos, francamente alarmantes:
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cada año aproximadamente 160 millones de personas en todo el mundo padecen enfermedades no mortales relacionadas con su ocupación (Balderas et al., 2019). La Organización Internacional del Trabajo también calcula que alrededor de 600.000 vidas podrían ser salvadas anualmente si se implementaran las medidas de seguridad y normas disponibles. Cada año, se registran 250 millones de accidentes laborales que resultan en ausencias en el trabajo, lo que equivale a 685.000 accidentes diarios, 475 por minuto y 8 por segundo.
Y el panorama es todavía más complejo en América Latina, porque existe una importante tasa de subregistro, que tiene su origen en la informalidad que representa el 47.7% de la población (OIT, s. f.), entonces el quehacer desde la investigación es aun más profundo; no basta con reconocer las cifras que ya parecen alarmantes, es necesario voltear a ver a quiénes carecen siquiera del reconocimiento de la relación laboral o a quiénes impulsados por el romantizado emprendedurismo buscan llevar ingresos a sus hogares.
Pensar en los estudios sobre la salud y el trabajo va de la mano con la permanente tensión social que existe en los procesos de producción y la constante lucha de la clase trabajadora; lo que tampoco pinta un panorama alentador, porque el capitalismo voraz impide la organización colectiva del trabajo.
Referencias
Carrasco, J., Asqui, A. I. L., & Gadvay, A. D. B. (2023). Riesgos ergonómicos y su influencia en el desempeño laboral. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 4(2). https://doi.org/10.56712/latam.v4i2.836
Fontes, R. (2002). Seguridad y salud en el trabajo en América Latina y el Caribe: análisis, temas y recomendaciones de política. https://doi.org/10.18235/0009818
García-Pérez, L., Pino, Y. M., & Ansoleaga, E. (2024). Prevalence of occupational stress-related syndromes among health care workers in Latin America from 2019 to 2023. Revista Brasileira de Medicina Do Trabalho, 23(01), 01-11. https://doi.org/10.47626/1679-4435-2024-1329
Mogollón, A. M. G., & Malagón-Saenz, E. (2021). Salud y seguridad en el trabajo en Latinoamérica: enfermedades y gasto público. Revista ABRA, 41(63), 55-76. https://doi.org/10.15359/abra.41-63.3
OIT. (s. f.). FORLAC – Programa de la OIT para la formalización de la informalidad | OIT/CinterFor. Recuperado 16 de noviembre de 2025, de https://www.oitcinterfor.org/hechos-noticias/forlac-programa-oit-formalizaci%C3%B3n-informalidad
Takala, J., Hämäläinen, P., Sauni, R., Nygård, C., Gagliardi, D., & Neupane, S. (2023). Global-, regional- and country-level estimates of the work-related burden of diseases and accidents in 2019. Scandinavian Journal Of Work Environment & Health, 50(2), 73-82. https://doi.org/10.5271/sjweh.4132







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