Estrés, ansiedad, y pánico: Diferencias en la experiencia humana
En nuestra vida diaria es común escuchar los términos estrés, ansiedad, y pánico y considerarlos como iguales. Sin embargo, en la psicología representan diferentes experiencias, cada una con sus propios orígenes, manifestaciones, y formas de abordarse. Poder reconocer las diferencias de estos conceptos no sólo nos ayuda a comprender mejor la manera en que funcionan nuestras emociones, sino que también nos brinda herramientas para poder identificar problemas que, si se dejan sin atender, pueden tener grandes repercusiones en nuestra salud mental.
Estrés: Una respuesta a las demandas externas
El estrés es una respuesta natural que tiene lugar cuando nos damos cuenta de que las exigencias de nuestro entorno sobrepasan los recursos que contamos para afrontarlas. La Organización Mundial de la Salud lo define como un estado mental de tensión que ocurre debido a circunstancias complicadas, y se admite que contar con niveles moderados de estrés puede permitirnos un buen desempeño para solucionar el problema que enfrentamos. Un estudiante puede experimentar estrés antes de un examen significativo, por ejemplo; sin embargo, esta activación puede impulsarlo a estudiar con más concentración y así poder rendir adecuadamente.
El estrés casi siempre tiene un detonante claro, como exceso de trabajo, problemas familiares o cambios importantes. Generalmente disminuye cuando la situación estresante termina. Sin embargo, si la presión se mantiene por mucho tiempo, el estrés deja de ser útil y empieza a afectar la salud física y mental. Algunos síntomas comunes son irritabilidad, tensión muscular, cansancio y dificultades para dormir.
Una manera en la que se puede manejar el estrés es la activación del cuerpo y tener una mejor organización de nuestro entorno. Una óptima planeación del tiempo, técnicas de respiración profunda para fomentar la relajación, al igual que tener una red de apoyo pueden hacer una diferencia en nuestra respuesta al estrés. Poder tomar una tarea grande y dividirla en pequeñas tareas puede reducir drásticamente la sensación de agobio, regulando nuestras emociones y dando una nueva perspectiva al problema que debemos abordar.
Ansiedad: temor anticipado y constante
La ansiedad, a diferencia del estrés, no surge siempre a raíz de una circunstancia externa específica. Se distingue por prever riesgos que podrían suceder, incluso si no existe una amenaza real. De acuerdo con entidades como el NIMH, puede persistir incluso cuando el estresor inicial ya no está presente.
La ansiedad frecuentemente se manifiesta como una preocupación persistente, pensamientos recurrentes o un sentimiento de alerta desmedido. Un individuo puede experimentar la percepción de que «algo malo va a suceder», tener palpitaciones o imaginar situaciones catastróficas sin un motivo claro. La ansiedad tiene efectos en actividades cotidianas, como dormir, socializar o estudiar, cuando es crónica. Sus tratamientos generalmente incorporan cambios en los pensamientos, mindfulness y, en numerosas ocasiones, terapia psicológica. Un ejemplo típico es comprobar repetidamente si la puerta está cerrada, aún cuando se sabe que sí lo está. La dificultad para manejar la incertidumbre es lo que se ve reflejado en ese comportamiento.
Pánico: aparición súbita de un miedo extremo
El pánico ocurre en episodios de miedo muy agudos y súbitos, que se acompañan de síntomas físicos intensos: palpitaciones, mareo, dificultad para respirar o la impresión de estar a punto de morir. Los ataques de pánico pueden suceder sin un desencadenante evidente y llegan a su punto más alto en cuestión de minutos.
Este es corto, intenso y extremadamente incierto. Cuando les sucede por primera vez, muchas personas piensan que están enfrentando un problema médico grave. Si los ataques se repiten, puede aparecer el temor a que vuelvan, lo cual causa que se evite acudir a determinados lugares o realizar ciertas actividades. El manejo consiste en aprender a entender las sensaciones del cuerpo de un modo menos amenazante, además de técnicas de respiración y terapia cognitivo-conductual. En ciertas situaciones, la medicación también se utiliza.
Conclusión
A pesar de que el estrés, la ansiedad y el pánico comparten ciertas similitudes, como la activación del sistema nervioso, son vivencias diferentes. El estrés es temporal y surge ante exigencias reales; la ansiedad se enfoca en el futuro y se presenta sin un desencadenante evidente; mientras que el pánico es una experiencia corta pero de gran intensidad de miedo extremo. Reconocer estas diferencias contribuye a encontrar el soporte apropiado y a elaborar tácticas de afrontamiento más eficaces. Además, nos posibilita comprender mejor nuestras emociones y reaccionar a tiempo cuando algo comienza a impactar nuestra calidad de vida.
Referencias
Garnelo Psicología. (2024). Diferencias entre estrés, ansiedad y pánico. https://garnelopsicologia.com/blog/diferencias-estres-ansiedad-panico/
World Health Organization. (2023). Stress. https://www.who.int/news-room/questions-and-answers/item/stress
American Psychological Association. (2023). What’s the difference between stress and anxiety? https://www.apa.org/topics/stress/anxiety-difference
National Institute of Mental Health. (2023). I’m So Stressed Out! Fact Sheet. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/so-stressed-out-fact-sheet
Cleveland Clinic. (2023). Panic Attacks & Panic Disorder: Causes, Symptoms & Treatment. https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/4451-panic-attack-panic-disorder







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