En nuestro día a día, solemos pensar que nuestras decisiones y juicios se basan en información objetiva y un razonamiento lógico. Sin embargo, la mente humana no siempre procesa la información de forma neutra: con frecuencia opera mediante atajos mentales automáticos que nos permiten manejar la enorme cantidad de estímulos a los que estamos expuestos. Estos atajos pueden ser útiles para agilizar decisiones, pero también pueden distorsionar nuestra percepción de la realidad y conducirnos a errores sistemáticos: eso es lo que conocemos como sesgos cognitivos.
¿Qué son los sesgos cognitivos?
Un sesgo cognitivo es una desviación sistemática e inconsciente en la forma de procesar información, juicio o toma de decisiones, que conduce a interpretaciones distorsionadas, juicios inexactos o decisiones irracionales.
Estos sesgos surgen porque el cerebro humano tiene una capacidad limitada para procesar toda la información disponible, por lo que recurre a atajos mentales para simplificar la tarea.
Lejos de ser “defectos” accidentales, muchos sesgos cognitivos son adaptativos: evolucionaron para permitir reacciones rápidas ante situaciones complejas, lo que ha sido útil para la supervivencia.
Algunos sesgos cognitivos comunes son:
- Sesgo de confirmación: tendencia a buscar, seleccionar o recordar información que confirma nuestras creencias o hipótesis previas, ignorando o descartando lo que las contradice.
- Sesgo de anclaje (anchoring): la primera información recibida (el “ancla”) actúa con demasiada fuerza en nuestras decisiones, de modo que ajustamos nuestro juicio en función de ella, incluso si no es representativa.
- Sesgo de retrospectiva (hindsight bias): tras un suceso, tendemos a percibirlo como más predecible de lo que realmente fue, creyendo “yo ya sabía que eso iba a pasar”.
- Sesgo actor‑observador: atribuimos nuestras propias acciones a causas externas (contexto, situación), pero las de los otros a causas internas (carácter, personalidad).
- Efecto de falso consenso (false consensus): sobreestimamos la medida en que otras personas comparten nuestras creencias, valores y comportamientos.
- Sesgo de disponibilidad (heurística de disponibilidad): sobrevaloramos la probabilidad o importancia de algo simplemente porque nos resulta más fácil recordarlo — por frecuencia, por relevancia emocional o reciente exposición.
Cada uno de estos actúa como un “filtro” que moldean nuestra interpretación de la realidad, a menudo sin que seamos conscientes de ello.
¿Por qué surgen los sesgos cognitivos?
- Limitaciones cognitivas y necesidad de eficiencia: nuestro cerebro no puede procesar exhaustivamente toda la información recibida, por lo que usa heurísticos para ahorrar esfuerzo mental.
- Adaptación evolutiva: en entornos complejos y con amenazas, tomar decisiones rápidas era ventajoso; los sesgos emergen como atajos adaptativos.
- Esquemas, creencias y experiencias previas: lo que ya sabemos (o creemos) influye en cómo interpretamos nueva información: preconceptos, prejuicios o expectativas moldean el procesamiento.
Implicaciones de los sesgos cognitivos
- En la toma de decisiones personales y profesionales: pueden distorsionar juicios, llevar a errores, decisiones pobres o prejuicios, incluso cuando creemos actuar racionalmente.
- En la percepción social y las relaciones: afectan cómo vemos a los demás, cómo interpretamos sus acciones, generando malentendidos, estereotipos o atribuciones erróneas (por ejemplo, con el sesgo actor-observador o falso consenso).
- En el ámbito organizacional y empresarial: en contextos de liderazgo, gestión de talento, administración del cambio — áreas de tu interés profesional — los sesgos pueden influir en la selección de personal, evaluación de desempeño, diseño de políticas, planteamiento de estrategias.
- En el pensamiento crítico, científico y educacional: dificultan la objetividad, la apertura a nueva evidencia y el análisis reflexivo, lo que puede obstaculizar procesos educativos, terapéuticos o de investigación.
Los sesgos cognitivos son una característica inherente al funcionamiento de la mente humana: atajos mentales que permiten procesar información rápidamente, pero que también pueden distorsionar la realidad, alterar el juicio y conducir a decisiones erróneas. Conocerlos y comprender por qué ocurren es fundamental para fomentar un pensamiento más reflexivo, crítico y consciente.
Reconocer nuestros sesgos no significa que desaparecerán totalmente, pero nos permite cuestionar nuestras certezas, abrirnos al diálogo, revisar nuestras hipótesis y actuar con mayor conciencia. En definitiva: mejora nuestra capacidad para interpretar la realidad de modo más justo, reflexivo y ajustado.
Referencias:
Bertrand Regader. (2015, mayo 28). Sesgos cognitivos: descubriendo un interesante efecto psicológico. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/inteligencia/sesgos-cognitivos-efecto-psicologico
Mario Olea. (2024, 31 mayo). Los sesgos cognitivos: distorsiones de nuestra mente. Unir la Universidad En Internet. https://www.unir.net/revista/salud/sesgos-congnitivos-distorsiones-de-nuestra-mente/?







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