En las últimas décadas, el uso de dispositivos electrónicos como celulares, tablets, computadoras y televisores ha transformado en gran manera la forma en que los niños y niñas interactúan con su entorno. Cada vez en edades más tempranas, los infantes tienen acceso a pantallas y contenidos digitales. Aunque la tecnología puede ofrecer beneficios educativos y de entretenimiento, se ha generado una creciente preocupación por los posibles efectos negativos que la exposición prolongada a pantallas podría tener sobre el desarrollo infantil.
¿Por qué el cerebro infantil es especialmente vulnerable?
Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil se encuentra en una fase de gran plasticidad, es decir, se establecen redes neuronales, se desarrollan habilidades lingüísticas, motrices, sociales y de regulación emocional.
Sin embargo, lo que ocurre frente a una pantalla en especial si su uso no es guiado o supervisado, puede ofrecer una estimulación “empobrecida” en comparación con la riqueza del mundo real: interacción con otras personas, juego físico, exploración sensorial, etc.
En este sentido, la exposición excesiva a pantallas puede “desplazar” actividades esenciales para un desarrollo integral.
Impactos en el desarrollo cognitivo, lenguaje y atención
- Lenguaje y habilidades comunicativas: En estudios que se han realizado, muestran que un mayor tiempo frente a pantallas en edades tempranas se asocia con un desarrollo más lento de las habilidades comunicativas. Por ejemplo, niños expuestos frecuentemente a pantallas desde el primer año podrían presentar retrasos en comunicación y resolución de problemas al llegar a los 2–4 años.
- Atención, concentración y funciones ejecutivas: Los contenidos rápidos, cambiantes y de alta estimulación propios de muchos medios digitales tienden a sobrecargar el sistema atencional infantil, dificultando su capacidad para mantener la atención en tareas tradicionales o más lentas.
- Aprendizaje y rendimiento académico: El uso excesivo de pantallas ha sido asociado con un menor rendimiento escolar, pobre desarrollo de memoria, dificultades en la resolución de problemas y disminución en la capacidad de aprendizaje.
Impactos en el desarrollo social y emocional
La exposición prolongada a pantallas puede limitar las oportunidades de interacción cara a cara con padres, hermanos o compañeros, lo que puede afectar habilidades sociales, empatía, comunicación no verbal, regulación emocional e integración social.
Asimismo, se ha observado que el uso excesivo se asocia con mayores riesgos de ansiedad, depresión y problemas del bienestar psicológico en niños y adolescentes.
Consecuencias físicas y de salud
- Sedentarismo, peso y obesidad: Numerosos estudios han vinculado el tiempo prolongado frente a pantallas con menores niveles de actividad física, hábitos alimentarios poco saludables y un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad.
- Sueño y ritmos circadianos: El uso excesivo de pantallas, especialmente cerca de la hora de dormir, puede alterar los ritmos circadianos, dificultar el inicio del sueño o reducir su calidad y duración. Esto repercute negativamente en el descanso, que es esencial para el desarrollo.
- Salud visual y neuromotora: Exposición prolongada puede generar fatiga ocular, sequedad visual y contribuir al desarrollo de alteraciones como la miopía.
- Postura y desarrollo motor: Al pasar horas sentado o acostado frente a pantallas, los niños pueden disminuir la exploración motora, el juego físico y otras actividades fundamentales para el desarrollo psicomotor.
¿Hay algún beneficio? — Condiciones para un uso responsable
Sí, la evidencia sugiere que el uso de pantallas no es completamente negativo: cuando se emplean con moderación, con contenido adecuado y con la participación activa de un adulto, pueden ofrecer beneficios educativos, de aprendizaje, comunicación (por ejemplo: video-llamadas familiares) y creatividad.
De hecho, en el uso compartido padre/madre–niño, las pantallas podrían acompañar un desarrollo positivo.
Por ello, lo que marca la diferencia no es únicamente el acceso a dispositivos, sino el tiempo de uso, la calidad del contenido y la mediación adulta.
La exposición temprana y prolongada a pantallas puede afectar distintos aspectos del desarrollo infantil, desde el lenguaje y la atención hasta la interacción social y la salud física. No se trata de eliminar la tecnología, sino de aprender a usarla con equilibrio: limitar el tiempo de pantalla, elegir contenidos adecuados y acompañar activamente a los niños mientras la utilizan. El contacto humano, el juego libre y la exploración del entorno siguen siendo insustituibles para un desarrollo sano y pleno.
Referencias:
Bennett, L. (2025, 21 julio). ¿Cómo afectan las pantallas al aprendizaje y el desarrollo en la infancia? Pontificia Universidad Católica de Chile. https://www.uc.cl/noticias/como-afectan-las-pantallas-al-aprendizaje-y-el-desarrollo-en-la-infancia/?
Pueden ser muy útiles, pero mirar las pantallas de los dispositivos por mucho tiempo puede afectar el ciclo de sueño y generar consecuencias a largo plazo. (2023b, febrero 24). National Geographic. https://www.nationalgeographicla.com/ciencia/2023/02/como-afecta-al-cerebro-el-uso-excesivo-de-las-pantallas?







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