Una reflexión para profesionales de la salud mental
Como profesional de la salud mental, cuantas veces no ha pasado por tu mente un pensamiento en especifico, uno que contrario a motivar, te hace cuestionarte tu profesionalidad, y directamente, el si aun puedes hacer todo lo que conlleva el trabajo.
Quienes nos dedicamos a la salud mental estamos profundamente familiarizados con los problemas o molestias que presentan los pacientes que llegan a nosotros. Conocemos de cerca las dinámicas del sufrimiento, las resistencias que se presentan, esos mecanismos que protegen y los síntomas que emergen como una alerta. Pero hay algo que, con demasiada frecuencia, pasamos por alto:
Esto también nos impacta a nosotros.
Nuestra labor implica una exposición constante al malestar emocional de otras personas. Lo sabemos en la teoría, lo advertimos en nuestros colegas, e incluso lo anticipamos. Pero cuando el desgaste comienza a instalarse en uno mismo, no siempre es perceptible de inmediato. A veces, se minimiza, se normaliza, o lo que es aún más preocupante, llega a ignorarse por completo.

Un peso silencioso
Conceptos como fatiga empática, burnout, y ansiedad, así como establecer limites o proyectarse en otro, son parte de nuestro vocabulario cotidiano. Sin embargo, rara vez los aplicamos a nuestra propia experiencia.
En base a diversos estudios se puede estimar que más de la mitad de los psicólogos ha experimentado algún grado de agotamiento emocional directamente vinculado a su práctica. Siendo realistas, es bastante fácil de comprender, dadas las exigencias inherentes a nuestra profesión.
La pandemia por COVID-19, por ejemplo, vino a intensificar esta realidad, generando cambios como:
- Mayor demanda de atención
- Menos tiempo disponible para la elaboración interna de los casos
- Presión incrementada para ofrecer soporte constante
Es así que nos volcamos hacia el exterior con una dedicación plena, pero con un espacio muy limitado para la introspección y el autocuidado
Una paradoja: Sé, pero no hago
Aunque reconocemos, defendemos y promovamos activamente los beneficios de acudir a terapia, en muchas ocasiones postergamos este paso, irónicamente, siendo de los que deberían priorizarlo.
A menudo, lo justificamos con la falta de tiempo, la elevada carga de trabajo o la errónea percepción de que «ya lo hemos resuelto». Pero, en el fondo, con frecuencia persiste una creencia profundamente arraigada: “si me dedico a esto, debería ser capaz de gestionarlo por mí mismo”. No es por nada que bromas o memes en internet se han hecho conocidos por un comentario «¿porque el psicólogo tiene problemas? que solo lea sus notas», que si bien se hacen con intención de divertir, promueven un pensamiento que muchos profesionales podemos sentir: Se como tratarlo en otros, más no en mi.
Es justo en este punto donde la reflexión se vuelve esencial. Según Irene Hernández (2016) Tres de cada cuatro profesionales de la salud mental han asistido a terapia en algún momento de su vida profesional, y la gran mayoría reporta beneficios profundos, no solo en su bienestar personal, sino también en la calidad misma de su práctica clínica. Esto no es menor, y nos deja ver algo muy importante: No por dedicarte a la salud mental, significa que no puedes necesitar ayuda.
Un acto de consciencia
Disponer de un espacio propio para la elaboración personal no es meramente una cuestión de autocuidado. Es, en esencia, parte de un compromiso ético y profesional ineludible. Entre los beneficios de un tratamiento propio se encuentran:

- Diferenciar con claridad lo «que es nuestro» de lo que pertenece a quien tenemos enfrente (Evitar proyección, transferencia o personalización)
- Sostener la escucha sin caer en el agotamiento
- Mejor manejo de las acciones consecuentes de emociones y sentimientos.
- Eficiencia en el trabajo
- Reconectar con el verdadero sentido de lo que hacemos
- Evitar que la práctica se convierta en algo rutinario o mecánico
Muchos llegamos a esta profesión impulsados por una historia personal, una búsqueda interna, o una herida que necesitaba ser comprendida. Lo que no sería un problema en sí mismo… salvo cuando no es trabajado. Cuando se deja al margen. Cuando se transforma en un punto ciego que puede afectar nuestra objetividad y bienestar, y aun peor, el bienestar de aquellos que ven en nosotros el apoyo para salir de un lugar oscuro en sus vidas.
Cuidarnos no es una opción. Es una obligación profesional
Buscar nuestro propio proceso terapéutico no es una debilidad, ni mucho menos un indicio de falta de competencia. Todo lo contrario, es precisamente lo que nos mantiene en óptimas condiciones para seguir ejerciendo esta profesión con integridad, presencia y una profunda humanidad.
Si percibes que la carga emocional se está volviendo demasiado pesada, sientes que los temas que llegan a tu consultorio están afectándote más de lo que deberían, o si sientes que la práctica ha perdido su brillo o su sentido original, quizás sea el momento oportuno de retomar ese lugar que también te corresponde:
El de ser escuchado, así como escuchas a otros

Estrategias de autocuidado
Bueno, una vez entendimos como es de importante cuidarnos, darnos esa atención propia, surge la duda: ¿Cómo puedo cuidarme a mi mismo?
Estamos muy acostumbrados a saber que estrategias, herramientas o acciones pueden llevar a cabo nuestros pacientes, en especial para afrontar la situación presente que estén experimentando, o por lo que vinieron a nosotros. Sabemos que acciones son beneficiosas, y conocemos la teoría detrás de estos, sin embargo, hay algo muy importante a destacar:
Nos sirve que nos digan qué podemos hacer, aun si en teoría ya lo sabemos
Así que aquí te dejamos una serie de estrategias de autocuidado que puedes llevar a cabo, dependiendo de tu situación. Recuerda que estas se adaptan a ti, y pueden usar la o las que más te ayuden, e ir rotándolas.

Establece Limites Saludables
- Aprende a decir “no” sin culpa.
- No te sobrecargues de pacientes.
- Evita llevarte los problemas del consultorio a casa.
- Separa tu vida profesional de la personal: proteger tu energía emocional es vital.
Acude a Terapia Personal
- La terapia también es para terapeutas.
Busca Supervisión Online
- Comparte casos difíciles con colegas o supervisores para aligerar la carga emocional.
- Permítete ver nuevas perspectivas, tomar mejores decisiones y evitar el aislamiento
Construye una Red de Apoyo Emocional
- Rodéate de esas personas con quienes puedas compartir y desconectarte.
- Recuerda: no estás solo.
Practica el Autocuidado Diario
- Cuida tu alimentación, duerme bien, haz ejercicio.
- Dedica tiempo a lo que disfrutas: leer, cocinar, caminar, pintar, bailar.
«Mindfullness» y Autocompasión
- Medita, respira conscientemente, haz pausas activas entre sesiones.
- Permítete ser humano: cometer errores, tener días malos, pedir ayuda.
- La autocompasión es parte de tu fuerza.
Mantente en Formación Continua
- Participa en talleres, diplomados o cursos que te inspiren.
- Aprender nutre tu motivación y mantiene viva tu pasión por la psicología.
Bibliografía
- Liberta Psicología. (2016, agosto 19). ¿Quién cuida del psicólogo https://www.libertiapsicologia.com/blog/2016/8/19/quien-cuida-del- psicologo
- Calleja, A. (2020, junio 4). ¿Cómo se cuida un psicólogo fuera de consulta? https://albacallejapsicologa.com/2020/06/04/como-se-cuida-un-psicologo- fuera-de-consulta/
- Psicología y Mente. (s.f.). Autocuidado del terapeuta: 9 claves para ponerlo enpráctica https://psicologiaymente.com/clinica/autocuidado-del-terapeuta
- Psychology.org. (s.f.). Mental health workers need therapy too. https://www.psychology.org/resources/mental-health-workers-need- therapy-too/
- 5.Pontificia Universidad Javeriana. (2023, octubre 10). Día Mundial de la Salud Mental: ¿Quién cuida a los psicólogos? Pesquisa https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/dia-mundial-salud-mental-quien- cuida-a-los-psicologos/








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