Desde el ejercicio de mis profesiones –psicólogo y abogado– he aprendido que la práctica hace al maestro, que las teorías si bien orientan y sirven como sustento para la vida profesional pierden valor si no se llevan a la práctica y que la práctica cuando no genera un impacto favorable no es relevante para la sociedad o el individuo; en resumen la teoría sin la práctica y la práctica sin un impacto social o individual no es formativo.

Por eso esta ocasión, en colaboración con mis alumnos de psicología próximos a egresar, decidí iniciar una aventura novedosa, que implica grandes retos para todos, porque sobre la marcha construiremos el camino.

Los docentes tenemos la obligación, cuando menos moral, de hacer un trabajo de calidad, porque acompañamos a los futuros profesionistas, los que construirán el país del futuro; sin lo que hoy estudian sería imposible pensar en mejorar lo que ya todos conocemos. Los docentes necesitamos entender que enseñar en esta época requiere de nuevas herramientas, valores y habilidades, pero sobretodo una necesidad para reaprender y reorganizarnos durante nuestra vida docente.

La promoción de la salud mental tiene un valor fundamental en el ejercicio de cualquier profesionista del área; es imposible pensar en un excelente profesor y amigo que hace 8 años decidió al igual que cientos de personas quitarse la vida, constantemente reflexiono si hubieran participado en una campaña de prevención del suicidio quizá sería otro el panorama actual. La palabra y la imagen son poderosas, me gusta pensar en que quizá un póster, una infografía o un video de Tiktok puede hacer que una persona decida continuar viviendo.

Así, 19 estudiantes y un servidor comenzamos este camino con entusiasmo, sabiendo que tropezaremos, pero también que esa es la mejor manera de aprender.

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